¿Qué os parece esta cita que leí el otro día? “Por qué te hiciste vegana? Mi respuesta es que nunca me hice vegana. Nací vegana, como cualquier otro humano, y como la mayoría de gente, me volví no vegana. Me costó algo de tiempo deshacerme de mi programación cultural y ser quien soy realmente”.

Cuando somos niños y vemos a un conejito, un pollito, un cerdito… nos enamoramos de ellos. Por naturaleza, los animales nos fascinan. No les haríamos daño con nuestras manos ni querríamos que otros se lo hicieran.

Pero nos alimentan con animales, que durante los primeros años no tenemos ni idea que lo son, o al menos no somos capaces de hacer la conexión real de lo que verdaderamente estamos comiendo.

Ese pollo que nos dan, es el mismo pollito que acariciaríamos, adoptaríamos y cuidaríamos. Esos trozos de jamón son esos cerditos preciosos que no podemos parar de mirar, sus naricitas y sus colitas. Esa merluza, atún, sardinas… son igual que los pececitos que si tuviéramos en casa cuidaríamos y alimentaríamos y cuando murieran tendríamos una gran tristeza (cuánto llegué a llorar por nuestro Tiburón, nuestro pez naranja, cuando tenía seis años). Y así todos los animales que nos ponen en nuestros platos desde que empezamos a comer.

Y de esta manera, llega el día que nos han programado para creer que necesitamos animales como alimento y que está bien matarlos. Perdemos aquella conexión, aquel amor puro, aquella empatía innata y nos volvemos mucho más insensibles y desconectados… nos han hecho no veganos.

Hasta que un día, hacemos otra vez el clic interior que nos reconecta con nuestro yo puro, de nuestra infancia remota, y nos empezamos a dar cuenta de que NO, que no está bien tratar así a los animales ni matarlos, que no son ingredientes, ni objetos de consumo, y si investigamos descubrimos que el organismo humano es frugívoro/herbívoro/”starchivore” por naturaleza y que su alimento por especie son las frutas, verduras, cereales, almidones, legumbres, frutos secos y semillas y que los animales entraron en nuestra alimentación por motivos de supervivencia. Ahora no vivimos en condiciones de supervivencia.

Y muchísimas cosas más.

Esta programación cultural se llama carnismo y os animo muchísimo a leer todo lo que se ha escrito, de su autora Melanie Joy, psicóloga y socióloga que ha publicado libros tan interesantes e importantes como Porque amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y vestimos con las vacas (@beyondBeyond Carnism).

Foto: Sammantha Margaret – Stephen, un cerdito que fue rescatado con su hermana, Janet, por Caitlin Cimini, que lo está cogiendo en brazos, en el Rancho Relaxo.

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